
Erase una vez, una princesa encerrada en la
torre más alta de un antiguo castillo, abandonado en ruinas y cubierto de malezas. No habia muchas formas de llegar hasta allí, sin enfrentarse a una terrible bestia, de inmenso tamaño, afiladas garras y unas oscuras escamas negras como la noche misma.
Sin embargo, la princesa y la bestia habian aprendido a convivir a lo largo de los años que ella llevaba recluida en aquel frio lugar.
Un dia, la muchacha comenzó a llorar, de manera tan desoladora, que rompería el corazón de quien lo oyese. Fue así, como el dragón, apiadandose de la infeliz criatura, se acercó a preguntar el por qué de tanto sufrimiento, y ella le respondió:
-¿Acaso hay alguien que se acuerde de mi? ¿Qué piense en mi? Llevo eternidades encerrada en esta estúpida habitación, y tan solo me acompañan algunas aves y tú... ¿como preguntas por qué lloro, dragón? ¿No es acaso obvio?
Aunque el hocico de la bestia, estaba manchado con sangre de aquellos que habian intentado llegar a la princesa, para solo desistir en el camino al huir cobardemente u otros tantos, que habian luchado ferozmente, pero no con lo necesario para alcanzar su objetivo, y finalmente murieron con la incertidumbre del posible final feliz... tenia tantos años de vida, que comprendía las intensas emociones humanas y suspiró, observando a la jóven.
-Deseas ser libre, pero acaso... ¿no le temes a la vida exterior? ¿a los peligros del más allá?- ella iba a quejarse, pero el dragón negó con la cabeza, y continuó: Deseas también un principe que tenga el suficiente valor para derrotarme y te rescate, pero... ¿cómo sabes tu, que será de tu vida más allá de este castillo? No podré protejerte siempre, y el día de mañana, deberás elegir, pero ¿la opción será la correcta?
La princesa le miró asorada. Tan solo se hallaba ahora, más confundida...
-Dragón, dime entonces ¿qué debo hacer?
-El destino se forja por si mismo, pequeña, pero con nuestra ayuda. Llegará el momento, en que el hombre indicado venga a buscarte, pero entiende, que sólo alguien de corazón puro y honesto, podrá querer cruzar tantas barreras, de dolor y sacrificios, para llegar finalmente a ti. No siempre es un dragón, lo más peligroso aquí afuera...- le contestó él.
Ella asintió, con una sonrisa débil pero honesta.
-Entonces esperaré, y aquel que pueda llegar hasta mi, verdaderamente, habiendo sufrido tanto para alcanzarme y calmar todas mis angustias y miedos, y que logre robarme una sonrisa, entonces aquel será el hombre que tenga mi corazón.
El dragón la miró, con los ojos brillantes.
-Pero nadie dijo, que se lo dejaremos fácil...-
Ambos rieron, y la princesa olvidó sus preocupaciones, de momento. Ahora comprendía ciertas cosas, en las cuales no habia reparado anteriormente...
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