-Anda, quita esa sonrisa boba de tu cara, y ayudame!- le gritó ella, lanzandole un libro grueso, de tapa dura, por la cabeza, que él esquivó con toda naturalidad.
-Y, ¿qué tengo que ver yo, con tus asuntos, mujer?-
-Nada, pero podrías mover tu trasero y cooperar conmigo- La chica dejó su tarea de revolver entre pergaminos, y lo miró furiosa.
-Como que sigas así y pronto vas a perder lo poco de juicio que te queda- le contestó en broma, mientras la abrazaba por la cintura.
-¿Qué juicio?- arguyó ella, seriamente, mientras reacomodaba uno de sus mechones de cabello de nuevo a su lugar; sin voltear a mirarlo.
Ambos rieron juntos, luego de una pausa de silencio.
-Vuelve a tus asuntos, asesino. Tengo cosas que hacer aquí, sólo me distraes y ni siquiera se te ocurre ayudarme- retomó ella.
-Pues se me ocurre una forma de ayudarte- en su rostro, una sonrisa pícara.
La giró con un simple movimiento de sus brazos, y la sentó en un hueco vacío de libros, del inmenso escritorio...

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